Posteado por: rolandoaguillon | noviembre 2, 2010

Tipos de grasas: las buenas y las malas


Tal vez te sorprenda saber que no toda la grasa es perjudicial para la salud. Muchas grasas presentan verdaderos beneficios nutricionales, además de añadir un toque esencial y sabor a la comida. Las grasas son una importante fuente de energía, y proporcionan las estructuras esenciales para las células del cuerpo; de hecho, ciertos tipos de grasas pueden ayudar a mantener el corazón sano. Así pues, lo importante no es sólo la cantidad de grasa, sino el tipo de grasa que comes. ¿Cuáles son los diferentes tipos de grasas?
Las buenas

Las grasas insaturadas son llamadas grasas buenas porque contienen ácidos grasos esenciales. Esto es, tipos de grasa que el cuerpo no puede producir pero que son vitales para su buen funcionamiento. Los ácidos grasos esenciales funcionan como materia prima para fabricar las membranas de las células y producir ciertas hormonas, como los eicosanoides. También ayudan a disminuir los niveles de colesterol en sangre. Dos ejemplos de ácidos grasos esenciales son el Omega 6 y el Omega 3.

Las grasas insaturadas se encuentran esencialmente en alimentos vegetales: semillas, cereales, leguminosas y verduras. Y en animales marinos: pescados sobretodo azules y en aceites de pescado. Son líquidas a temperatura ambiente.

Las hay de dos tipos:

Monoinsaturadas. Las más recomendables. Presentes principalmente en aceite de oliva extravirgen, aceite de canola, aguacate y semillas oleaginosas como cacahuates, almendras, avellanas, ajonjolí, nueces, semillas de calabaza.

Polinsaturadas. Aceites de girasol, maíz, soya y linaza. Chía, nueces y productos de soya. Pescados y mariscos. Cereales integrales y lácteos.

Las malas

Las grasas saturadas son a las que comúnmente se les denomina grasas malas o dañinas, pero en este caso el término “malas” es un poco engañoso. Las grasas saturadas son necesarias para el funcionamiento del cuerpo, tanto así que él mismo las produce. El colesterol es un ejemplo de grasa saturada.

La cuestión es que nuestro cuerpo produce lo suficiente de ellas y por lo tanto no es necesario introducirlas a través de la alimentación. El gran problema es que lo hacemos, y en cantidades tan excesivas que nos han acarreado muchos problemas de salud como: altos niveles de triglicéridos y colesterol, infartos, embolias, ateroesclerosis, entre otras.  Las grasas saturadas las encontramos principalmente en carnes (rojas en primer lugar y de ave en segundo), manteca, mantequilla, mariscos, lácteos enteros (leche, yogur, helado, crema), aceite de coco y de palma. 

Las grasas trans es un producto práctico para la industria alimenticia, se elaboran calentando aceites vegetales líquidos en la presencia de hidrógeno para obtener una grasa sólida, lo que facilita el transporte de este tipo de grasa evitando derramamientos y facilitándole la vida a la industria.

El problema es que durante este proceso de hidrogenación las grasas vegetales polinsaturadas se convierten en grasas saturadas contribuyendo a aumentar los niveles de colesterol LDL y disminuir los de HDL. Otro riesgo es que este tipo de grasas se incrustan en las arterias más fácilmente y una vez ahí es muy difícil deshacerse de ellas. Las grasas trans se encuentran principalmente en la comida rápida, en las comidas empacadas para microondas, en las margarinas, galletas y panadería, dulces, frituras y helados.


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