Posteado por: rolandoaguillon | marzo 17, 2010

Trabajo y nutrición, una pareja necesaria


La alimentación en el trabajo, un hábito que es saludable

 Salud y trabajo van unidos y se influyen mutuamente. Puesto que la alimentación es un hábito que afecta directamente a la salud de todos los días, resulta fundamental adaptarla a la actividad laboral para mejorar el rendimiento y reducir la fatiga.

Baja productividad, ausentismo, cansancio, sobrepeso e incremento de enfermedades como la diabetes, alto riesgo de accidentes y desnutrición son sólo algunos de los problemas derivados de la mala alimentación de los trabajadores, quienes, a menudo, por no contar con el tiempo suficiente, no realizan una planificación diaria de aquellos alimentos que ingieren.

Cualquier dieta deberá tener en cuenta variables como el sexo, la edad y el nivel de actividad que se realice. Este último punto es especialmente relevante, ya que un trabajador que debe llevar a cabo grandes esfuerzos físicos requiere un mayor consumo energético que una persona que tiene a su cargo un trabajo intelectual o sedentario. En definitiva, el consumo alimentario de todos los días merece la misma importancia que las horas de sueño, la prevención del estrés o la realización de alguna actividad física en particular.

Por una mejor calidad de vida diaria
Es necesario que cualquier trabajador aprenda a armonizar el consumo alimentario con su vida profesional.
Una persona mal alimentada encontrará dificultades para mejorar su calidad de vida, puesto que la capacidad de trabajo, directamente proporcional a la alimentación, comienza a descender cuando ésta es deficiente. Una alimentación monótona, repetitiva o en la que faltan alimentos indispensables para el organismo puede favorecer la aparición de determinados síntomas, tanto físicos –cansancio excesivo, falta de reflejos– como psíquicos –falta de interés, irritabilidad–.

Alimentación según el trabajo desempeñado
En primer lugar, para aquellas personas que realizan una actividad de tipo sedentario con escasa movilidad, se recomienda una alimentación preferentemente liviana, pero sin olvidar un aporte calórico adecuado. En segundo lugar, aquellos trabajadores que deben compensar el alto gasto energético que conlleva su actividad por el mayor esfuerzo físico que realizan deberán consumir más alimentos con carbohidratos complejos. El mayor consumo energético deberá realizarse en forma equilibrada, sin abusar de los alimentos de alto contenido graso. Una inadecuada alimentación diaria no sólo conduce a la obesidad, al aumento del colesterol y de la diabetes, sino que incrementa notablemente las enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte y de discapacidad.


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